Mc 1,2-3: Clave hermenéutica del Antiguo Testamento en Marcos*1

Ianire Angulo Ordorika

Facultad de Teología de la Universidad Loyola Andalucía (Granada)

iangulo@loyola.es

https://orcid.org/0000-0003-3682-4151

Resumen: El comienzo de cualquier narración resulta especialmente importante, pues ofrece las claves necesarias para afrontar su lectura y su correcta interpretación. Así sucede también con el inicio de los evangelios. En esta ocasión, nos ocuparemos del prólogo de Marcos y de la única cita bíblica a la que se remite en él. Tras estudiarla y analizar sus peculiaridades con respecto al relato marcano, así como a los otros sinópticos, este artículo pretende mostrar el papel que ostenta esta referencia veterotestamentaria y cómo parece convertirse en la clave interpretativa de la presencia del Antiguo Testamento en el segundo evangelio.

Palabras clave: Prólogo de Marcos. Mc 1,2-3. AT en el NT. Is 40,3.

Mk 1:2-3: Hermeneutical Key to the Old Testament in Mark

Abstract: The beginning of any narrative is especially important, since it offers the necessary keys to face its reading and its correct interpretation. This is also the case with the beginning of the Gospels. On this occasion we will deal with the prologue of Mark and the only biblical quotation in it. After studying it and analyzing its peculiarities, with respect to both Mark’s account and the other synoptic gospels, this article intends to show the role of this Old Testament reference and how it seems to become the interpretative key to the presence of the Old Testament in the second Gospel.

Keywords: Mark’s Prologue. Mk 1:2-3. OT in the NT. Is 40:3.

1. Importancia del prólogo y peculiaridad marcana

El modo en que se inicia un relato no resulta indiferente. Las primeras palabras con las que empieza una historia juegan un papel fundamental, ya que, no solo la introducen, sino que también brindan las claves desde las que hemos de leerla para interpretarla de forma correcta2. Esta norma general, válida para toda narración, se cumple también en el segundo evangelio3.

La longitud del prólogo de Marcos es, a día de hoy, una cuestión discutida, porque no existe un acuerdo sostenido por la mayoría de los autores. Durante mucho tiempo, la opción predominante fue circunscribirlo a Mc 1,1-134. Este amplio consenso quedó cuestionado a mediados del siglo pasado, cuando Leander E. Keck rebatió los principales argumentos de quienes ubicaban el fin de la introducción en el v. 13 y planteó la ambigüedad de estas razones. Tras esta primera acción, Keck muestra cómo los primeros quince versículos son capaces de iluminar el conjunto de la obra marcana5. A partir de aquí, otros estudiosos se han unido a esta postura y han hecho suya la decisión de alargar el prólogo del segundo evangelio hasta el v. 156. Ya que los argumentos de unos y de otros han de ser tenidos en cuenta, exponemos a continuación los principales.

Quienes consideran que el prólogo se extiende hasta el v. 13 se apoyan en distintas razones. Tanto la entrega del Bautista como el metà dé con el que comienza el v. 14 provocan una discontinuidad en el relato. Asimismo, la narración introduce un cambio geográfico, pues se abandona el Jordán (vv. 5.9) y el desierto (vv. 3.4.12.13) para centrarse en Galilea (v. 14). Estos autores reconocen una posible inclusión entre el ángel/mensajero (v. 2) y los ángeles que sirven a Jesús (v. 13). Descubren también una fisura entre el protagonismo que adquiere el Espíritu en los primeros versículos y su ausencia en los vv. 14-15.

De la misma manera, quienes se posicionan a favor de que el prólogo ocupe solo los primeros trece versículos alegan el contraste entre la pasividad de Jesús en ellos frente a su actividad en los vv. 14-15. Junto a este argumento, otra fisura en el relato que parece dar la razón a quienes delimitan el prólogo en Mc 1,1-13 es la transición entre unos acontecimientos que se mueven en el ámbito de lo privado, que solo el lector conoce de modo privilegiado, y la predicación pública del Nazareno.

En cambio, para quienes optan por extender el inicio marcano hasta el v. 15 resulta fundamental la inclusión del término euaggélion en los vv. 1 y 15, ya que este vocablo delimitaría el conjunto del prólogo. Así, se interpreta que el anuncio del Reino de Dios (v. 15) es, en realidad, la consecuencia de la derrota de Satanás en el desierto (v. 13). Los estudiosos que defienden esta postura tienen en cuenta el clímax narrativo que supone tanto la entrega de Juan (v. 14) como la aparición del más fuerte anunciado por él (v. 7), porque sin este último la misión del precursor quedaría incompleta.

En esta misma línea, la unidad de Mc 1,1-15 parece estar sostenida sobre el paralelismo con el que el evangelista presenta a Juan el Bautista y a Jesús. Reforzando este argumento, no resulta baladí la presencia de palabras gancho a lo largo de la perícopa. Estas atraviesan los primeros quince versículos y aúnan la sección (kērýssō, vv. 4.7.14; metánoiametanoéō, vv. 4.15)7.

Como se puede comprobar, las razones para sostener una y otra postura son suficientemente sólidas. Por nuestra parte, nos parece más adecuado considerar Mc 1,1-15 como el prólogo de Marcos, pues la discontinuidad narrativa y geográfica entre el v. 13 y los vv. 14-15 puede indicar también una subdivisión interna. Del mismo modo, la transición de lo privado a lo público puede producirse ad intra del inicio del evangelio y no suponer una fisura en el texto.

Este debate en torno a la longitud del inicio marcano no resulta infructuoso. De hecho, las decisiones que tomamos a la hora de estructurar cualquier texto bíblico nunca son asépticas. De ellas dependen acentos, subrayados teológicos y cuestiones hermenéuticas8. Si esto es siempre relevante, mucho más al tratarse del prólogo, pues la forma en la que se inicia Marcos cumple dos valiosas funciones.

Por una parte, se muestra el programa narrativo que el evangelista va a desplegar a lo largo de los capítulos. Ya desde el comienzo se sugiere la pregunta sobre la identidad de Jesucristo que atraviesa el conjunto del relato, puesto que se declara a Jesús como Cristo e Hijo de Dios (Mc 1,1). Lo mismo ocurre con motivos que, presentes ya en los primeros versículos, asumen un valor teológico que se va desarrollando en la narración. Así sucede, entre otros, con el término evangelio (Mc 1,1: euaggélion), con elementos geográficos, como el camino o el desierto (Mc 1,2-4), y con acciones como las vinculadas a los verbos enviar o anunciar (Mc 1,2: apostéllō; Mc 1,4: kērýssō).

Además, todo prólogo es el momento en que se presenta a los personajes y la relación que se establece entre ellos. En el caso del inicio de Marcos, aparece Jesús, protagonista indiscutible del relato (Mc 1,9-15), Juan el Bautista (Mc 1,4-8) y la relación entre ambos (cf. Mc 1,7-8.14). Salvando la distancia y a modo de analogía, se podría considerar a la Escritura como un personaje más, presentado por el narrador y en relación con los otros personajes (Mc 1,2-3).

Por otra parte, el inicio proporciona también las claves hermenéuticas necesarias para que el lector pueda captar el conjunto del evangelio. A lo largo de las próximas páginas, queremos mostrar cómo la cita del Antiguo Testamento (AT) que Marcos sitúa en su prólogo se convierte en un elemento fundamental a la hora de interpretar la presencia veterotestamentaria en la totalidad del relato marcano.

2. La cita de Mc 1,2-3

Las primeras palabras del segundo evangelio afirman: “Comienzo del evangelio de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios” (Mc 1,1)9. Tras este inicio, se presenta la única cita explícita enmarcada en el prólogo de Marcos10:

Conforme está escrito (kathṓs gégraptai) en Isaías el profeta: Mira, envío mi mensajero delante de ti (prò prosṓpou sou), el que ha de preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas (Mc 1,2-3).

Resulta extraño que Marcos inicie una frase con la partícula kathṓs. En el segundo evangelio la proposición subordinada que introduce esta conjunción siempre viene precedida de la proposición principal. Además, esta regla general se cumple de forma especial cuando va unida al perfecto pasivo gégraptai11. Ante este peculiar comienzo, brota preguntarnos qué es aquello sobre lo que está escrito. Esta dificultad podría salvarse estableciendo un vínculo entre este pasaje y el v. 1.

Si bien la postura clásica es la comprensión de Mc 1,1 como una frase independiente que funcionaría a modo de título12, conectarla con los vv. 2-3 resolvería algunos tropiezos textuales. No solo daría respuesta al desconcertante inicio del versículo siguiente, sino que también facilitaría reconocer en Jesús a quien es precedido por el mensajero (Mc 1,2: prò prosṓpou sou). Más aún, se explicaría la variante que presenta la cita marcana de Isaías con respecto a la versión de la Septuaginta (LXX), de la que hablaremos más adelante, así como el asíndeton con el que comienza Mc 1,4 y la ausencia de una conjunción del tipo hoútōs o homoíōs en ese mismo versículo cuatro13.

Centrémonos ahora en analizar esta cita de Marcos y su peculiaridad respecto a los otros dos sinópticos y al modo habitual en que el segundo evangelio remite al texto veterotestamentario.

2.1. Una cita fusionada

La querencia marcana por Isaías es bien conocida14. Asimismo, resulta coherente con el alcance que este libro bíblico ostentó en el judaísmo del segundo templo y en el inicio del cristianismo15. Con todo, Marcos solo nombra al profeta en dos ocasiones (Mc 1,2; 7,6). Por más que se mencione únicamente a este profeta, la cita que nos ocupa remite a tres textos veterotestamentarios distintos, los cuales presentamos a continuación. Para una mayor claridad, indicamos en cursiva las expresiones compartidas:

Conforme está escrito en Isaías el profeta: Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas (Mc 1,23).

Voy a enviar a mi mensajero a allanar el camino delante de mí (Mal 3,1).

Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te he preparado (Ex 23,20).

Una voz clama: Abrid en el desierto un camino a yhwh, trazad en la estepa una calzada recta de nuestro Dios (Is 40,3).

Por más que el desarrollo de esta cuestión desborda la pretensión de este artículo, conviene aclarar que, con la expresión cita fusionada, nos referimos a una composición de referencias al AT que se presentan de manera aunada16. Aunque no hay demasiado acuerdo en determinar el número de veces en que Marcos vincula distintos pasajes bíblicos en sus citas17, sí que podemos afirmar que se trata de una práctica más frecuente en este evangelista que en los demás sinópticos y que encuentra un claro ejemplo en estos versículos.

Se ha intentado explicar de diversos modos que Marcos atribuya a Isaías este conjunto de pasajes. Para algunos es la prueba de que está copiando de una colección de testimonia, de ahí que desconozca la procedencia de los textos18. Contra esta postura, hay quien argumenta que el evangelista tuvo que ser consciente de la referencia a Malaquías, debido a la tradicional identificación entre el Bautista y Elías, profeta al que se refiere el texto profético19. Otros plantean que la atribución marcana era correcta hasta que, más tarde, se añadió la fusión Malaquías-Éxodo20.

Según otros estudiosos, Marcos solo nombra a Isaías por la popularidad de este libro en la época y porque la suya es la cita más extensa de las tres21. Hay quien considera que la atribución al profeta puede mostrar ignorancia. Sin embargo, deja clara su intención teológica, ya que convierte a Isaías en el marco conceptual necesario para interpretar el conjunto del relato evangélico22. Desde una mirada sincrónica como la que nosotros estamos planteando, el origen de la cita fusionada no es tan relevante como el efecto que provoca.

Si nos fijamos en los textos citados, la única variante que presenta la cita de Marcos con respecto a la versión griega de Is 40,3 (LXX) es el cambio en la determinación del camino. Ya no es “de nuestro Dios” sino “de él” (autoû). No parece un dato a ignorar que este versículo isaiano sea el mismo que sirvió para expresar cómo se percibía a sí misma la comunidad de Qumrán. Así lo atestigua este pasaje de la Regla de la Comunidad:

Este es el tiempo de preparar el camino al desierto y él les instruirá en todo lo que ha sido hallado para que lo hagan en este tiempo y para que se separen de todo aquel que no ha apartado su camino de toda iniquidad (1QS IX,19-21)23.

Los miembros de este grupo sectario se definen como los responsables de preparar un camino en el desierto para la venida definitiva del Señor. Tal percepción confirma una interpretación escatológica del texto profético24. Esto resulta coherente con su uso en el segundo evangelio, pues este percibe que “el tiempo se ha cumplido” (Mc 1,14), como proclaman las primeras palabras que el evangelista pone en boca de Jesús.

Existe un amplio consenso a la hora de considerar que la conjunción del texto del Éxodo con el de Malaquías no es fruto de una labor redaccional del evangelista, sino que sería tradicional y posiblemente pre-cristiana25. Además, la vinculación entre ambos pasajes en la tradición interpretativa judía está atestiguada en el rabinismo. Sirva de ejemplo cómo el Éxodo Rab­bá explica Ex 23,20 a la luz de Mal 3,1:

He aquí que yo envío un ángel. El Santo, bendito sea, dijo a Moisés: “Él, quien guardó a los patriarcas, también guardará a los hijos” [...] En el milenio, igualmente, cuando Él se revele a sí mismo, la salvación vendrá a Israel, como dice: “He aquí que yo envío mi mensajero y él despejará el camino delante de vosotros” (ExR 32,9)26.

Como veremos más adelante, el hecho de que Mateo y Lucas recurran a esta misma fusión de citas, por más que sea en un contexto diverso al marcano (Mt 11,10; Lc 7,27), también parece respaldar la hipótesis de que se trata de una fusión de citas veterotestamentaria anterior al cristianismo y presente también en Q27. Sea como fuere, no parece difícil entrever la relación existente entre Ex 23,20 y Mal 3,1 que podría justificar la fusión de ambas referencias textuales. Así lo evidencia, por un lado, la notoria semejanza de ambos versículos en hebreo y, por otro lado, la promesa divina de un enviado por delante que ambos pasajes comparten28.

Con respecto a la cita de Is 40,3, Marcos parece depender de la LXX, ya que en este evangelio es la voz que clama la que se encuentra en el desierto. En el texto hebreo se afirma, más bien, que el desierto es el lugar donde abrir el camino a Dios. Aún así, como sucedía con Ex 23,20 y Mal 3,1, las conexiones entre el versículo isaiano y el texto de Malaquías parecen enraizarse también sobre el hebreo29.

Las citas fusionadas no son una mera suma de referencias bíblicas, pues, al unirlas, se establecen vínculos y conexiones entre ellas que desbordan la mera yuxtaposición. Al vincular los tres versículos veterotestamentarios, en Mc 1,2-3 se conecta la promesa de un enviado, que precede y cuida, con una misión que incluye proclamar y preparar la venida escatológica de Dios.

Esta mezcla de pasajes y sus claras conexiones en hebreo han dado pie a diversas hipótesis sobre el origen de los versículos marcanos. Mientras que, para algunos, nos encontramos ante un claro ejemplo de la existencia de antologías de textos prueba y una confirmación del uso de los testimonia30, otros defienden que Marcos está asumiendo una tradición anterior procedente del círculo del Bautista31, y hay quienes consideran que la fusión revela las huellas del mismo evangelista32.

Es muy probable que nunca podamos determinar con seguridad el origen de esta combinación33, pero sí podremos preguntarnos qué aporta la cita fusionada al relato marcano a su prólogo tal y como está. A esto último nos ayudará fijarnos en sus paralelos sinópticos.

2.2. Los paralelos sinópticos

La cita que nos ocupa encuentra paralelos en Mateo y Lucas. Las referencias veterotestamentarias que aparecen fusionadas en Marcos están dividas en los otros dos sinópticos, lo que resulta llamativo. Ambos evangelios coinciden entre sí, tanto al separar la cita de Isaías y la amalgama Éxodo-Malaquías, como en situarlas en contextos distintos al marcano. Estas divergencias tienen consecuencias narrativas que vamos a intentar esbozar. Siguiendo el orden de los relatos mateano y lucano, analizamos ahora la cita de Is 40,3:

Este es de quien habló el profeta Isaías cuando dice: Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas (Mt 3,3).

Como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios (Lc 3,4-6).

Lucas y Mateo colocan esta referencia bíblica en boca del narrador, antes del bautismo y las tentaciones de Jesús. Ambos evangelistas sitúan esa cita justo después de haber presentado a Juan el Bautista y su predicación (cf. Mt 3,1-2; Lc 3,1-3), de tal manera que este personaje queda claramente identificado con esa voz que clama. En contra de la tendencia lucana habitual, que recurre con menos frecuencia que Mateo al texto veterotestamentario34, el motivo teológico del camino le lleva a Lucas a alargar en dos versículos la cita del profeta (Is 40,3-5)35, distanciándose así tanto de Mateo como de Marcos36.

Se debe agregar que estos dos evangelios posponen en sus narraciones la amalgama Éxodo–Malaquías, situándola tras el interrogante sobre la identidad de Jesús que el Bautista manda plantear a sus discípulos desde la cárcel (Mt 11,2-6; Lc 7,18-23):

Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que prepara tu camino por delante de ti (Mt 11,10).

Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que prepara tu camino por delante de ti (Lc 7,27).

Como vemos, no solo cambia el contexto literario, sino también el personaje en boca del cual se pone la fusión de textos. Este ya no es el narrador sino el mismo Jesús. Es el Galileo quien aplica la referencia bíblica directamente al Bautista, después de haber hablado de él y de elogiarle ante su auditorio, considerándole más que profeta (cf. Mt 11,7-9; Lc 7,24-26). De nuevo, Mateo y Lucas identifican con claridad al mensajero con el Bautista.

Esta explícita identificación que proponen Mateo y Lucas, tanto en este versículo como en la cita de Is 40,3, contrasta con la sutil conexión de Marcos. El segundo evangelio no tiene ningún reparo en vincular al Bautista con Elías, de modo más o menos explícito (cf. Mc 1,6; 9,11-13)37, sin embargo no deja claro que la voz o el mensajero de Mc 1,2-3 sea Juan. Este es mencionado en el v. 4, pero solo existe el vínculo de la mera yuxtaposición con la cita que le precede. La consideración de quién es el mensajero y la voz dependerá de si se interpretan los vv. 2-3 más relacionados con el v. 1 o con los versículos siguientes. De hecho, se podrían identificar con Jesús, con el Bautista o, incluso, con los discípulos o el lector38.

Al comparar Mc 1,2-3 con sus paralelos sinópticos, se hace aún más evidente una serie de características que conviene retomar. Por una parte, Marcos presenta una fusión de citas que aparecen separadas en Mateo y Lucas. Esta coincidencia parece sugerir que en la fuente Q, compartida por ambos, se transmitió la combinación Ex 23,20 y Mal 3,1 e Is 40,3 alejadas entre sí. Como ya hemos visto, esto confirmaría la hipótesis de que la unión Éxodo-Malaquías es previa a la tradición cristiana. Así, no se debería descartar la posibilidad de que fuera Marcos quien aunara ambas y las situara bajo el amparo del profeta Isaías en el prólogo del relato, otorgándole así un carácter solemne y programático del que carece en los otros dos sinópticos.

Por otra parte, si bien el testimonio acorde de Mateo y Lucas sugiere que Q vinculaba directamente al Bautista estos versículos veterotestamentarios, el segundo evangelio suaviza y relativiza la referencia a este personaje. Finalmente, aunque en todas las ocasiones las citas están introducidas de forma explícita a través de una fórmula de citación, el cambio y diversificación de los contextos en Mateo y Lucas tiene como consecuencia que estas referencias a la Escritura pierdan el empaque y la solemnidad que sí ostenta en el segundo evangelio.

La conexión de la cita con el v. 1, la solemnidad con la que Marcos la introduce y una interpretación abierta a la ambigüedad debido a que es menos evidente relacionarla con el Bautista son cuestiones que refuerzan la idea de que Mc 1,2-3 no solo da inicio al prólogo, sino al conjunto del relato evangélico.

2.3. Peculiaridad de esta cita en el relato marcano

Es sabido que remitir a la Escritura implica recurrir a la autoridad religiosa que esta ostenta, de ahí el valor de la presencia del Antiguo Testamento en el Nuevo. Este hecho supone que no resulta indiferente qué se cita, en qué parte del relato, en boca de quién se pone el texto bíblico o si se hace de forma evidente o sutil. En este apartado, queremos poner en evidencia cómo Mc 1,2-3 concentra en sí una serie de peculiaridades que, viéndolas desde el modo habitual en que este evangelista suele remitir al texto veterotestamentario, la convierten en especial39.

La primera cuestión que conviene destacar es que se trata de la única cita del prólogo marcano. No hay unanimidad entre los estudiosos a la hora de estructurar el segundo evangelio. Ahora bien, existe cierto acuerdo fundamental en considerar que la distribución geográfica de la narración puede considerarse un elemento clave en la organización del relato. Así, tras el prólogo, podríamos hablar de una sección desarrollada principalmente en Galilea (Mc 1,16–8,26), otra situada de camino a Jerusalén (Mc 8,27–10,52) y una tercera enmarcada en esa ciudad (Mc 11,1–16,8). De las veinticinco citas que presenta Marcos40, quince se concentran en Jerusalén, cinco en torno a Galilea, cuatro en el camino y solo una, la que nos ocupa, en el prólogo.

Esta única presencia veterotestamentaria al inicio del relato marcano resulta aún más llamativa en la medida en que comparamos la distribución de citas que hacen los otros dos sinópticos. Si planteamos una estructura paralela, Mateo concentra diez de sus cincuenta y cuatro citas en el relato de la infancia y tentaciones, mientras Lucas presenta ocho de sus veintiocho citas totales41. Esta excepcionalidad de Mc 1,2-3, frente a la habitual concentración de texto veterotestamentario en los comienzos de los otros sinópticos, parece estar compensada con la solemnidad y la longitud de la cita. Esta es la más extensa que podemos encontrar en el segundo evangelio.

El recurso a la fórmula de citación también imprime una especial preeminencia a Mc 1,2-3. Con estas introducciones explícitas, que acompañan la práctica totalidad de citas que los tres sinópticos sitúan en el comienzo de sus evangelios42, se alerta al lector sobre el vínculo sugerido por el evangelista entre lo narrado y el texto veterotestamentario. De las veinticinco citas marcanas, solo nueve de ellas se explicitan de este modo. Las dieciséis restantes requieren ser descubiertas por el lector, ya que el evangelista no procura pistas claras para ser reconocidas.

Conviene tener en cuenta que, cuando es el narrador quien introduce la cita de esta forma, pone en suspenso el relato, provocando una interrupción que centra aún más la atención del lector en la referencia bíblica. En el caso del segundo evangelio, solo Mc 1,2-3 está puesta en boca del narrador e introducida por una fórmula, de ahí que se trate de la única ocasión en la que se produce esta pausa en la narración. Así, Marcos parece tener mucho interés en destacar de modo especial estos versículos. Esto contrasta fuertemente, por ejemplo, con lo que hace Mateo, pues el narrador detiene la narración en once ocasiones, presentando textos bíblicos con fórmula.

Lo más habitual es que el segundo evangelio no explicite así las referencias al AT. De las nueve citas con fórmula, siete de ellas se ponen en boca de Jesús. Estas, además, se encuentran siempre en contextos polémicos. Así, la Escritura se convierte en un arma dialéctica en el conflicto entre el Galileo y los líderes judíos43. Obviamente, este no es el caso de Mc 1,2-3, porque su finalidad no es propiciar la victoria dialéctica de Jesús, sino dibujar el marco veterotestamentario necesario para comprender e interpretar correctamente el conjunto del evangelio.

Las características que hemos ido presentando confirman la hipótesis sobre el valor que ostentan las referencias al AT en los inicios de los relatos evangélicos44, por más que, en el caso de Marcos, la longitud y la peculiaridad de Mc 1,2-3 se prefiera a la cantidad de texto bíblico.

3. Claves de interpretación del AT que nos ofrece Mc 1,2-3

Como planteábamos al inicio de este artículo, el comienzo de un relato presenta las claves de interpretación necesarias para entenderlo correctamente. Como hemos visto, aunque lo más habitual sea considerar que los versículos iniciales de Marcos presentan a Juan el Bautista y su papel en relación a Jesús, la conexión de la cita con el precursor no es tan evidente en este evangelio como en los otros sinópticos. Además, la vinculación de la cita con el v. 1 y su solemnidad permiten comprender Mc 1,1-3 como la puerta de entrada para el conjunto del relato evangélico.

La peculiaridad con que el evangelista trata esta cita y el modo en que focaliza al lector en ella son rasgos que delatan su carácter significativo. Esto nos permite suponer que Mc 1,2-3 también nos proporciona herramientas útiles para interpretar la presencia del AT en el segundo evangelio. En esta línea, son dos las conclusiones que extraemos y exponemos a continuación.

3.1. El AT entre los elementos teológicos fundamentales

Una de las funciones del prólogo es introducir las cuestiones fundamentales que se desarrollarán a continuación. En el caso de los evangelios, también es donde se indican los principales temas teológicos, característicos de cada evangelista, que se irán desplegando posteriormente en el relato. Esta regla general se cumple también en Marcos. En sus primeros versículos, se presentan temáticas, como el camino, el desierto o ciertos títulos cristológicos45, cuya relevancia se irá evidenciando a lo largo del evangelio. Este hecho nos permite suponer que también el AT, presentado de forma solemne en el prólogo, ostenta un papel clave en el conjunto de la narración.

Ningún estudioso tuvo dudas a la hora de reconocer la preeminencia que ostenta para Mateo la Escritura y su cumplimiento en Jesucristo. En cambio, este aspecto no siempre se ha considerado transcendente en el caso del segundo evangelio. La ausencia de verbos que reflejen esta idea de cumplimiento, como los frecuentes plēō o teléō en los otros dos sinópticos, hizo que muchos autores clásicos no consideraran que el AT tuviera un valor especial en Marcos. La presencia de la Escritura en este evangelio se ha supuesto más una consecuencia indirecta del carácter semita del autor que un elemento esencial en su programa narrativo. En cambio, el papel que juega esta cita inicial, su solemnidad y su vinculación con el primer versícu­lo son datos que contradicen esta opinión.

Como hemos mostrado, son varios autores quienes proponen que la atribución a Isaías de esta extensa cita fusionada y su relación con el título nos ofrecen una perspectiva desde la que concebir el conjunto de la narración. Sea como fuere, conviene replantearse el papel global de la Escritura en Marcos y otorgarle legitimidad como elemento esencial en el relato. Podríamos decir que se trata de un actor protagonista del evangelio, por más que su presencia no siempre resulte evidente.

Ya hemos mostrado los recursos empleados por el evangelista para focalizar el interés del lector en Mc 1,2-3. Al igual que el prólogo presenta a Juan el Bautista y a Jesús, estos versículos también convierten al AT en un personaje más que atraviesa el conjunto del evangelio. Su presencia no siempre resulta evidente, y es ahí donde entra en juego el lector.

3.2. El papel activo del lector

La única ocasión en que el narrador toma la palabra para explicitar la presencia de una cita bíblica en el segundo evangelio son los versículos que nos ocupan. Solo aquí se propone al lector una clave interpretativa del relato, planteando que lo contado ha de ser iluminado a la luz de la Escritura. Como las demás herramientas de comprensión que se proporcionan en el prólogo, esta percepción bíblica ha de acompañar el recorrido del lector a lo largo de los capítulos. Del mismo modo que la condición de hijo amado de Jesús, revelada en la teofanía del bautismo, atraviesa la narración (cf. Mc 1,11; 9,7; 12,6), también lo harán las referencias al AT, si bien de manera solapada.

Tras el prólogo, la gran mayoría de las citas carecen de fórmula, por lo que el texto veterotestamentario queda inserto en el relato, pasando desa­percibido para un auditorio que no conozca el AT lo suficiente y sea incapaz de reconocerlo cuando no se le indica. De hecho, solo volverá a hacerse explícito en boca de otros personajes46, especialmente Jesús mismo, y en escenas de enfrentamiento con los líderes judíos.

La cita del prólogo marcano es la única ocasión en que el narrador lleva de la mano al lector para provocar que este contemple lo acontecido a la luz de la Escritura. Así, reconocer la presencia del AT entre las líneas del segundo evangelio implica una disposición activa por parte del lector, que tendrá que estar familiarizado con el texto bíblico para poder descubrir, engarzada en el relato, una presencia veterotestamentaria que resulta sutil e implícita.

Por más que se afirme con claridad en Mc 1,1 que Jesús es “el Cristo, Hijo de Dios”, la pregunta por su identidad recorre el evangelio. La cristología correctiva de Marcos avanza articulando el relato, primero con la respuesta de Pedro, que ha de ser matizada a la luz de la Pasión (cf. Mc 8,29-31), y después con la paradójica confesión del centurión tras verlo morir (cf. Mc 15,39). El lector omnisciente sabe desde el comienzo aquello que los personajes han de descubrir con esfuerzo.

Algo similar a la cuestión cristológica parece suceder con la presencia del AT en el segundo evangelio. Los lectores conocen desde el inicio que cuanto acontece está cumpliendo las citas bíblicas concentradas en Mc 1,2-3, tal y como explicita el narrador, aunque en adelante dejará de ser evidente. La Escritura seguirá siendo la clave de lectura del relato en los capítulos siguientes, no obstante, requerirá del esfuerzo y de la destreza del lector para ser reconocida y decodificada.

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[recibido: 08/07/21– aceptado: 28/08/21]


1 * El dossier de estudios sobre evangelios sinópticos fue coordinado por el Dr. Edgar A. Toledo Ledezma, de la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción (Paraguay).

2 Los estudios sobre esta cuestión son muy abundantes. Para una visión panorámica sobre el valor del peritexto y el íncipit como parte del pacto de lectura que se establece entre el autor y el lector, Marguerat Bourquin, Cómo leer, 204-214. Un recorrido histórico sobre la valoración que se ha hecho al comienzo de los relatos y su aplicación en el Nuevo Testamento (NT), Parsons, “Reading a Beginning”, 11-31. Sobre el inicio de las narraciones en la literatura antigua griega y latina y su relación con el NT, Smith, “Narrative Beginnings”, 1-9.

3 Cf. Boring, “Mark 1:1-15”, 43-81. Hooker dedica un pequeño libro a estudiar el comienzo de los cuatro evangelios como criterio de lectura de estos; cf. Hooker, Beginnings (esp. pp. 1-22). Giblin asume esta transcendencia del inicio e intenta mostrar la estrecha relación entre este y el final abierto de Marcos en Giblin, “The Beginning”, 975-985.

4 De esta opinión son, entre otros, Taylor, Tolbert, Hooker, Matera y Morales del Río. Cf. Taylor, Evangelio, 11; Tolbert, Sowing the Gospel, 108-113; Hooker, Beginnings, 1; Matera, “The Prologue”, 46; Morales Ríos, “El que viene”, 135 n. 2. Algo más flexibles resultan Schneck, Watts, Van Iersel, Pagliara y Focant, que consideran los vv. 14-15 como “bisagras” que unen el prólogo con el resto del evangelio. Por eso, aunque prefieren considerarlos aparte, asumen la estrecha vinculación de estos versículos con los precedentes, relativizando la distancia. Cf. Schneck, Isaiah, 9-13; Watts, Isaiah’s New Exodus, 91-95; Van Iersel, Mark, 83-84; Pagliara, La figura, 61; Focant, “Fonction”, 121-122; Focant, L’évangile, 41. Adela Y. Collins, Juan Mateos y Fernando Camacho, además, separan el título de un prólogo restringido a Mc 1,2-13. Cf. Mateos Camacho, El Evangelio, vol. I, 57; Collins, Mark, 134-135. Gundry prefiere reducir el prólogo a Mc 1,1-8; cf. Gundry, Mark, 29-30.

5 Cf. Keck, “The Introduction”, 352-370.

6 De esta opción son, entre otros, Trevijano, Gnilka, Pesch, Guelich, Hatina, Boring, Sankey, Ernst, Guijarro y Marcus. Cf. Trevijano Etcheverría, Comienzo, 199; Pesch, Il vangelo, vol. I, 136; Ernst, Il Vangelo, vol. I, 47-48; Gnilka, El Evangelio, vol. I, 45-46; Guelich, Mark, 3-5; Boring, “Mark 1:1-15”, 55-59; Sankey, “Promise and Fulfilment”, 4 n. 2; Hatina, In Search, 94-102; Guijarro Oporto, “¿Por qué?”, 135-136; Marcus, El evangelio, vol. I, 144-145. Este último autor recomienda sabiamente no ser muy “dogmáticos” en esta cuestión.

7 Para una visión panorámica de estas posturas, Focant, “Fonction”, 115-122.

8 Si bien no es el propósito de este artículo proponer y justificar una estructura, esta se deriva de nuestra comprensión del papel de Mc 1,2-3 en el prólogo y en el conjunto del relato marcano. Proponemos que esta parte del evangelio se podría dividir en dos grandes secciones estrechamente vinculadas entre ellas (Mc 1,1-3 y Mc 1,4-15). La primera daría inicio de forma solemne no solo al prólogo, sino también al conjunto del evangelio. La segunda desplegaría lo propuesto en los tres primeros versículos, presentando al Bautista y su misión (Mc 1,4-8), así como a Jesús y su misión (Mc 1,9-15). Estos últimos versículos quedarían, a su vez, subdivididos por el díptico bautismo-tentaciones (Mc 1,9-13) y el anuncio del Reino (Mc 1,14-15).

9 A lo largo del artículo recurriremos a la traducción castellana de, Ubieta López (dir.), Nueva Biblia.

10 Los problemas de crítica textual de Mc 1,1, las peculiaridades de los vv. 2-3 con respecto al conjunto del evangelio y la vinculación entre estos versículos y el v. 1 llevan a Elliott a proponer la hipótesis de que Mc 1,1-3 es una adición tardía y que el relato marcano original comenzaría con el v. 4, Elliott, “A Later Addition”, 584-588. Si bien algunos de los argumentos del autor son cuestionables, su propuesta no afecta a un estudio sincrónico como el nuestro.

11 El segundo evangelista recurre a esta conjunción en Mc 4,33; 11,6; 14,16; 15,8 y 16,7. En dos ocasiones emplea el kathṓs gégraptai (Mc 9,13; 14,21).

12 A modo de ejemplo, esta es la postura explícita de, Taylor, Gnilka, Pesch, Collins, Mateos – Camacho y Van Iersel. Estos últimos autores detallan los argumentos por los que hacen esta opción. Cf. Taylor, Evangelio, 163; Pesch, Il vangelo, vol. I, 141-142; Mateos Camacho, El Evangelio, vol. I, 50-51; Gnilka, El Evangelio, vol. I, 49; Van Iersel, Mark, 92 n.13); Collins, Mark, 130-132.

13 Resulta de especial interés el artículo de Robert A. Guelich en el que muestra cómo cinco dificultades que presenta Mc 1,1 quedarían iluminadas, por una parte, al vincular los tres primeros versículos y, por otra parte, ampliando la introducción del evangelio hasta el v. 15; cf. Guelich, “The Beginning”, 5-15. Siguen esta tendencia de no aislar el primer versículo de este evangelio Tolbert, Guelich, Gundry, Marcus y Watts. Cf. Tolbert, Sowing the Gospel, 239-248; Guelich, Mark, 7; Gundry, Mark, 30-31; Marcus, The Way, 17-18; Watts, Isaiah’s New Exodus, 58-60.

14 Isaías es el libro bíblico al que más recurre el segundo evangelio. Dejando a un lado alusiones y referencias menos evidentes, es citado con claridad en siete ocasiones (Mc 1,2-3; 4,12; 7,6-7; 9,48; 11,17; 12,32-33; 13,24-26). Esto explica la existencia de abundante bibliografía que vincula Marcos e Isaías. Solo a modo de ejemplo, destacamos tres monografías que interpretan Marcos a la luz de Isaías. Cf. Marcus, The Way; Schneck, Isaiah; Watts, Isaiah’s New Exodus.

15 La frecuencia con que se remite a este libro profético en la literatura intertestamentaria y su abundante atestiguación en los manuscritos de Qumrán evidencian este papel protagonista. Para una mirada panorámica, Lange Weigold, Biblical Quotations, 126-140.163-177.

16 Si bien toda sistematización convierte en forzado aquello que probablemente brotaba de modo natural en la Antigüedad, puede resultar útil la definición que se propone en Adams Ehorn, “What is”, 3-4.

17 Moyise, por ejemplo, propone solo cinco citas compuestas en Marcos (Mc 1,2-3; 11,17; 12,19; 13,24-25 y 14,62). Moyise, “Composite Citations”, 16-33. Sin entrar demasiado en el debate, nosotros consideramos que es el caso de nueve de las veinticinco citas que considera como tal la edición 27 del Nestle-Aland (Mc 1,2-3; 7,10; 10,5-8; 11,9-10.17; 12,19.29-30.32-33; 13,24-26). Este porcentaje tan alto con respecto al total de referencias veterotestamentarias convierte en tendencia marcana el empleo de este recurso, especialmente en comparación con los otros dos sinópticos. Sobre esta cuestión, Angulo Ordorika, “¿No habéis leído?”, 98-99.

18 Así se sitúan, por ejemplo, Dodd, According, 24; Trevijano Etcheverría, Comienzo, 23; Hooker, “Mark”, 220.

19 Es la postura de Collins; cf. Collins, Mark, 136.

20 Se trata de la opción de Taylor; cf. Taylor, Evangelio, 164.

21 Es el argumento de, Gundry, Mark, 35.

22 Esta opinión de Hays justifica la frecuencia con la que se ha estudiado el conjunto del segundo evangelio a la luz de Isaías; Hays, Echoes of Scripture, 20-24. Solo a modo de ejemplo, destacamos tres monografías que evidencian esta perspectiva. Cf. Marcus, The Way; Schneck, Isaiah; Watts, Isaiah’s New Exodus.

23 Junto a este texto de la Regla de la Comunidad, también se cita Is 40,3 en 4Q176 Frag. 1-2 I,68. Snodgrass plantea que Is 40,15 es clave en Qumrán porque el consuelo anunciado era esperado como aquel escatológico que Dios traería y porque percibían que su comportamiento ético preparaba la venida del Señor; cf. Snodgrass, “Streams”, 28-31.

24 En el primer libro de Henoc también encontramos huellas de esta visión escatológica de Is 40,4: “Temerán todos y temblarán los vigilantes, sobrecogiéndoles el temor y un gran temblor hasta los confines de la tierra. Se estremecerán los altos montes, se humillarán los elevados collados y se derretirán como cera ante la llama” (1Hen 1,5-6).

25 Entre los comentaristas, Van Iersel es la excepción que confirma la regla. Él no considera que exista una cita de Ex 23,20, sino que se trataría de una reelaboración de Mal 3,1; cf. Van Iersel, Mark, 93 n. 14).

26 Los textos del Midrás Rabbá lo tomamos de la versión inglesa, Freedman Simon (eds.), Midrash Rabbah. La traducción es nuestra. Ex 23,20 también aparece conectado con la promesa del envío de Elías de Mal 3,23 en: “A lo que el Santo, bendito sea, respondió: ‘Moisés, mi uso de la expresión he aquí es también una Buena medida, como se dice; he aquí que yo envío un ángel delante de ti; he aquí que los justos serán recompensados en la tierra; he aquí que te enviaré al profeta Elías” (DtR 11,9).

27 Recurrimos en este artículo a la habitual hipótesis de la doble fuente, según la cual Mateo y Lucas, además de sus propias tradiciones, emplearían en sus relatos una fuente compartida, denominada Q, y el evangelio de Marcos o una versión primitiva de este.

28 La semejanza en hebreo de ambos versículos se hace evidente. Ex 23,20: hinnēh ’ānōkî šōlēa male’āk (“yo voy a enviar un ángel”); Mal 3,1: hinenî šōlēa male’ākî (“voy a enviar a mi mensajero”). Sucede lo mismo con la referencia al lugar en el que el mensajero irá: Ex 23,20: lepānèkā (“delante de ti”); Mal 3,1: lepānâ (“delante de mí”). Estas similitudes en hebreo llevan a muchos autores a suscribir la afirmación de Stendah: “Podemos observar además que la cita de Malaquías es la única cita común a los sinópticos que muestra claramente la influencia del texto hebreo”, Stendahl, The School, 52 (traducción nuestra).

29 En el TM la combinación del verbo pnh (despejar, preparar) en piel con el sustantivo derek (camino) se encuentra únicamente en Is 40,3 y en Mal 3,1, lo que hace plausible una influencia isaiana en este último, tal como sugiere Snodgrass y después asumirán otros autores; cf. Snodgrass, “Streams”, 25. Este dato nos permite concluir que la vinculación de ambos pasajes tuvo que realizarse sobre el texto hebreo o arameo, pues las versiones griegas que conservamos traducen el piel de pnh con verbos diferentes: Is 40,3, hetoimázō (preparar); Mal 3,1, epiblépō (considerar, tener en cuenta). Esto explica que Stendahl considere obvia la dependencia de los sinópticos con el texto hebreo; cf. Stendahl, The School, 51. Joel Marcus se apoya en esta influencia semita para afirmar que Marcos sería el autor de la fusión y que esta no procedería de los testimonia. Hatina contradice este argumento al proponer que el recopilador de los testimonia podría estar familiarizado con las versiones hebreas o arameas; cf. Marcus, The Way, 16; Hatina, In Search, 146-147.

30 De esta opinión son, por ejemplo, Trevijano y Schneck; cf. Trevijano Etcheverría, Comienzo, 24-27; Schneck, Isaiah, 32. La hipótesis de los testimonia fue propuesta por James Rendel Harris (1852-1941). Simplificando mucho, este estudioso propuso la existencia de colecciones de textos – prueba del AT, recolectados por los primeros creyentes y reunidos en un documento que los autores del NT habrían empleado para defender el cristianismo de las críticas judías. Expuso esta teoría en Harris, Testimonies. Para una visión de conjunto de la investigación de Harris y la primera recepción de su propuesta, Falcetta, “The Testimony”, 280-299. Lincicum presenta un breve recorrido histórico de esta teoría hasta prácticamente la actualidad en Lincicum, “Paul”, 297-308.

31 Cf. Pesch, Il vangelo, vol. I, 143-144; Pagliara, La figura, 80-81.

32 Quien más claramente defiende esta postura es Joel Marcus. Considera que el evangelista es responsable de las tres variaciones en las que difiere de los otros sinópticos. Estas diferencias son: incorporar la referencia a Éxodo y Malaquías, eliminar el segundo por delante de ti (Mt 11,10; Lc 7,27: émprosthén sou) y situar el conjunto de la cita antes de que el Bautista entre en escena; cf. Marcus, The Way, 15-16.

33 Esta es la postura de Watts: “Teniendo en cuenta el método de ‘síntesis’ característico de Marcos, y la existencia de testimonia en Qumrán y de colecciones de extractos de autores griegos y latinos que pueden sugerir la posibilidad de que existan colecciones similares entre los cristianos del siglo i, es difícil decir si esta amalgama particular es suya o deriva de una fuente anterior”, Watts, Isaiah’s New Exodus, 85 (traducción nuestra).

34 La bibliografía sobre cómo Lucas recurre al AT es muy amplia. Para una visión panorámica es útil esta monografía, Bock, Proclamation. Más actual y centrado en determinados pasajes, Ferrández Zaragoza Sánchez Navarro (eds.), Comenzando.

35 Este motivo es tan central en la obra lucana que Rodríguez Carmona desarrolla su teología en torno a este concepto en, Rodríguez Carmona, “La obra de Lucas”, 321-341.

36 Trevijano explica esta prolongación lucana con la más que discutible consideración de que este evangelista se encuentra en un “estadio más desarrollado” y que ya no recurre a los testimonia como Mateo y Marcos; cf. Trevijano Etcheverría, Comienzo, 17.

37 Remitimos a la monografía de Plagiara sobre Elías en Marcos, Pagliara, La figura.

38 Rocca analiza las tres principales opciones de interpretación de Mc 1,1-4, mostrando, por una parte, tanto la posibilidad morfo-sintáctica de todas ellas como su límite y, por otra parte, las consecuencias narrativas que supone cada una de ellas. Según las opciones que asuman, la voz o mensajero se puede identificar con Juan, con Jesús o, incluso, con los discípulos o lectores; Rocca, Gesù, 485-525. También Filannino presenta las posibles lecturas de Mc 1,1-4 en Filannino, “Mc 1,2-4”, 422-427. Para este autor, la clave para entender estos versículos iniciales de Marcos está en el v. 4.

39 Presenté una mirada panorámica a cómo Marcos cita el AT en, Angulo Ordorika, “¿No habéis leído?”, 92-119. Las afirmaciones que hago aquí tienen el trasfondo de los datos que ofrezco en esas páginas. En estas páginas se presenta un estudio de las citas veterotestamentarias en el segundo evangelio, mostrando sus peculiaridades con respecto a qué se cita, dónde, en qué contexto o de qué modo. Tras este análisis, se plantea la tendencia marcana a presentar el texto del AT en situaciones de conflicto, así como el modo en que esas referencias bíblicas contribuyen a la cristología de Marcos, presentando a Jesús como intérprete autorizado de la Escritura.

40 Delimitar la presencia del AT en el NT es una cuestión compleja. Puesto que no se trata de la materia de este artículo, nos referiremos siempre a las citas que son indicadas como tales en la 27.ª edición crítica Nestle-Aland.

41 Así, en los “prólogos” sinópticos se concentrarían el 18,5% de las citas de Mateo, el 28,6% de las lucanas y el 4% en el caso de Marcos.

42 Según la versión crítica que empleamos, de entre las citas situadas en los comienzos de los sinópticos, solo Lc 1,15 no recurre a una fórmula de citación.

43 Las siete citas introducidas con fórmula que se ponen en boca de Jesús en este contexto de confrontación son Mc 7,6-7.10; 11,17; 12,10-11.19.26.36.

44 Esta consideración de que es en el inicio de los evangelios donde se concentran las referencias bíblicas es el punto de partida de Guijarro Oporto, “‘Como está escrito’”.

45 A modo de ejemplo, indicaremos que, más allá de la monografía de Marcus en torno al camino en el segundo evangelio, existe otra mucho anterior de Mauser sobre el desierto; Mauser, Christ; Marcus, The Way.

46 Mencionadas ya las siete ocasiones en las que las citas explícitas son puestas en boca de Jesús, también los saduceos remiten a la Escritura introduciéndola con un “Moisés nos dejó escrito” (Mc 12,19). De nuevo, nos encontramos en contexto polémico.