S. F. David Llácer, ודרך הקדשׁ. El “Camino Santo” (Is 35,8) (Asociación Bíblica Española. Tesis 68), Verbo Divino, Estella, 2017, 319 pp. ISBN: 978-84-9073-358-5.

Esta obra reproduce una tesis doctoral defendida en la Universidad de San Dámaso de Madrid. El A. desarrolla un estudio de crítica textual que parte de la problemática manifiesta en la traducción de Is 35,8, versículo considerado como una crux interpretum. La dificultad para comprender el TM se refleja con claridad en las traducciones modernas. Se comparan varias versiones actuales (españolas, italianas, francesas y alemanas) en las que todos los traductores toman decisiones distintas, “esta variedad nos impulsa a investigar a fondo los problemas con los que se han enfrentado” (21).

El autor en un primer término estudiará qué es lo que dice exactamente el texto, su literalidad. Realizará un examen sintáctico/morfológico de los esticos del versículo y lexicográfico de algunos vocablos en particular. El análisis se complementa con el estudio de la Masora de los distintos manuscritos más antiguos: Alepo (del año 925 d. C.), Leningrado (1008), El Cairo (895) y el de la Biblioteca del Marqués de Valdecilla (1280). También se recensionan y evalúan las diversas opiniones que propusieron los autores contemporáneos más renombrados.

El trabajo continúa con una exhaustiva investigación de este versículo en la tradición qumrámica, sobre el gran rollo de Isaías (1QIsaa), esencialmente; puesto que en los otros artefactos isaianos no se encuentra 35,8 (1QIsab solo contiene 35,4-7 y 35,9–36,2). La disertación igualmente contempla toda la tradición qumrámica, incluso la no bíblica. Se recurre a otros manuscritos qumrámicos para comparar morfologías y lograr, mediante la comparación y el análisis, explicar los vocablos citados. Es muy enriquecedora la inclusión y el desarrollo de los problemas paleográficos, desplegados a lo largo de toda la obra, con muy buenas imágenes para ilustrar las dificultades de la escritura paleo-hebrea, todavía influyente en Qumrán. El análisis se enriquece con la comparación, en algunos casos, de las grafías similares propias de la escritura fenicia primitiva, que también afectaban a la escritura qumrámica. El resultado de la prueba de Is 35,8 en 1QIsaa le permite al autor comparar con la tradición masorética, advertir las diferencias y proponer soluciones para comprender el TM (185 y 203-210).

La investigación prosigue trabajando sobre el resto de las versiones. Se detiene especialmente en la Septuaginta. El autor lo aborda como testigo privilegiado, debido a su antigüedad, aunque de manera indirecta, puesto que ofrece una traducción en otra lengua del texto que él está indagando. Como se sabe, los descubrimientos de Qumrán revelaron que la LXX es una versión tan antigua como la que estaría en el origen del TM, por eso en estos últimos años la traducción y el análisis de sus textos influyeron en gran medida en la recomposición y traducción de los textos veterotestamentarios. David Llácer parte de la premisa, ya aceptada por la crítica actual, de que en la antigüedad existieron varios textos hebreos que diferían entre sí. La LXX representa a un texto hebreo muy antiguo. Por lo tanto, en los casos controvertidos él se preguntará cuál es la fuente hebrea utilizada que se debe reconstruir, que puede diferir de los textos hebreos que conocemos. Estos traductores antiguos usaban el texto consonántico hebreo y podían escoger distintas vocalizaciones o significados de raíces con el mismo lexema. La LXX más antigua es sabido que no se caracteriza por ser una traducción servil, traduciendo palabra por palabra, como sí hará luego por ejemplo la versión de Áquila. Por lo tanto, se irá distinguiendo en la obra las distintas propuestas de la LXX más antigua, de las de Áquila, Símaco y Teodoción.

El estudio se complementa con la requisa de la versión aramea del Targum y con la versión Siríaca de la Peshitta, debido a que las dos versiones dependen de un texto proto-masorético. También se analiza la Vetus Latina, que depende de la LXX y, sobre todo, la Vulgata realizada desde un texto hebreo y de modo bastante literal en el siglo iv d. C. La investigación finaliza con unas conclusiones (pp. 275-282) muy ricas, que de cierta forma funcionan como un balance de todo el recorrido en el que se repasa y concluye cada parte. Al finalizar, antes de todo el aparato bibliográfico y de abreviatura usadas, casi como un epílogo el autor ofrece con el título “traducción final” su propia interpretación, mostrando que podemos “leer el final del versículo sin necesidad de corregir ni la sintaxis ni la morfología de ninguna palabra del texto de 1QIsa” (p. 283), traducción sensiblemente diferente a la que podemos realizar del TM y, a la vez, radicalmente novedosa. Agradecemos al autor su obra, no solo para comprender mejor a Is 35,8 y la riqueza de todo ese poema en Is 35, sino también porque su monografía nos permite observar un trabajo de traducción y crítica textual realizado por un experto y en lengua hispana.

Leandro A. Verdini

Pontificia Universidad Católica Argentina

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